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Un
mensaje de Sri Daya Mata para los miembros y amigos de SRF que asistieron
a los ciclos de clases que se celebraron en el transcurso de una gira
a los Centros de Toronto, Montreal y Nueva York, así como a diversos
encuentros que tu vieron lugar en Washington.
21 de septiembre de 2001
Almas amadas:
Me uno a ustedes a través de mis pensamientos y oraciones,
aprovechando la ocasión de que se hallan reunidos con
la finalidad de sumergir su mente en Dios y asimilar en profundidad
las enseñanzas de nuestro Guruji. Durante estos tiempos
de tanto desconcierto y agitación en el mundo, mediten
profundamente y concéntrense en las verdades eternas
que él nos brindó; sientan la presencia de Dios
y sepan que las oraciones de todos ustedes atraen las bendiciones
divinas y refuerzan la influencia del amor que Él siente
por todos sus hijos.
La vida de todos nosotros se ha visto afectada por las recientes
tragedias. Sin embargo, es maravilloso comprobar que, aun en
medio de la oscuridad, la luz de la bondad divina resplandece
en todas aquellas personas que tienden la mano hacia quienes
necesitan ayuda *hacia el prójimo* para ofrecer apoyo
y consuelo. Aunque éstos son momentos de una intensa
emotividad, necesitamos más que nunca mantener la calma,
la fortaleza y la unidad: enfocar el corazón y la mente
en Dios, anclando con firmeza nuestro ser en Aquel que es inmutable
y que, con sus leyes divinas y su divino amor, sostiene este
mundo. No debemos permitir que el lado negativo de la dualidad
debilite nuestra mente. Guruji decía: «Todo este
drama es una contienda entre el sufrimiento y el amor. Tu amor
debe ser mayor que tu dolor». Esto se vuelve posible cuando
conectamos nuestra vida con la Fuente misma del amor. Preguntémonos
cada día qué podemos hacer individualmente para
armonizar nuestros pensamientos y acciones con Dios mediante
el cumplimiento de sus leyes morales, mediante el modo en que
tratamos a los demás, y mediante las oraciones y los
constantes esfuerzos dirigidos a comulgar con Él. Cuanto
mayor sea la fortaleza espiritual de cada uno de nosotros, más
podremos contribuir al bienestar de nuestros seres queridos,
nuestra comunidad, nuestra nación y nuestro mundo.
En ocasiones como ésta, nos enfrentamos a preguntas acerca
del sufrimiento y del significado de la vida cuya respuesta
está más allá del alcance de la sola razón
humana. Pero si buscamos con mayor profundidad en nuestro interior,
finalmente tomaremos plena conciencia de que no somos este cuerpo,
sino el alma eterna. Innumerables veces, nuestra alma ha atravesado
indemne los portales de la vida y de la muerte; hay una mano
divina que guía siempre nuestro destino. Durante muchos
años, he tenido en la puerta de mi estudio en Mount Washington
las siguientes palabras de nuestro Guruji: «¡Oh
Madre Divina! En la vida y en la muerte, me encuentro a salvo
en tu regazo». Que esto sea también para ustedes
un recordatorio de que existe un amor sin límites que
los cuida y acompaña en todas las experiencias de la
vida. Reciban todos y cada uno de ustedes mis más profundas
bendiciones.
Dios los bendiga.

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9/21/01
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